¿Es malo enojarse?
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A ver… el enojo, la ira, irritación, enfado y todos esos desagradables sentimientos son a final de cuentas parte de nuestra naturaleza… Me parece que es imposible evitarlos, y a menos que seas la viva encarnación de la Madre Teresa de Calcuta yo creo que en algún momento los has experimentado.
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Es más… creo que todos tenemos DERECHO a encabronarnos… de vez en cuando.
Si, si, si… tenemos de-re-cho a encabronarnos, al menos yo disfruto (de vez en cuando) de hacer mis propios berrinchitos, de encabronarme por alguna estupidez, y de mentarle su madre a alguien (a quien sea, al menos en mi pensamiento). Se siente como que uno se libera del estrés ¿a poco no?
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Estar encabronado puede ser desagradable, puede ser incómodo… Si no te sabes controlar puede incluso causarte severos problemas. Pero a pesar de todo, creo que es una experiencia que tiene sus beneficios.
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¡¡¡¿Beneficios?!!!
Antes de que me juzguen de loco, permítanme explicarme:
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Enojarse un chingo desencadena una serie de reacciones en nuestros cuerpecitos y en nuestras cabecitas. Eso que sientes como sangre hirviendo es tu pulso que se acelera, es tu corazón bombeando sangre a mayores velocidades, es una descarga de adrenalina que tensa todos y cada uno de tus músculos… Tu cuerpo está preparado para defenderse y para entrar en acción con fuerza sobrehumana.
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Y en tu cabeza… ayyo, en tu cabeza la razón parece nublarse, te sientes desinhibido, la cordura desaparece, pronuncias sendas palabrotas y dices cosas “sin pensar”… Tu cerebro se siente en total y absoluta libertad de actuar sin restricciones éticas o morales.
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¿Ya lo ven? Encabronarse nos ayuda a que nuestro cuerpo y nuestro cerebro trabajen sobre-estimulados y seamos capaces hasta de la más imposible proeza. Nos puede ayudar a imponernos.
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Ah chingá, chingá, chingá…
Pareciera que estallar en un arranque de ira solucionaría cualquier problema. Pues no… las cosas no son así de fáciles… Aquí viene la parte clave del asunto, por cierto, la parte más difícil…
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Me imagino que un Neanderthal mega encabronado y con un enorme garrote en la mano lograba imponer su autoridad en base a la ley del más fuerte… pero la época del pleistoceno ha quedado atrás, así que las cosas ya no son así de fáciles.
Vivimos en un tiempo y una sociedad en donde el garrote ya no suele ser práctico, en su lugar, debemos actuar con inteligencia, con astucia, como si viviéramos en un juego de ajedrez: debemos pensar en nuestro siguiente paso analizando los futuros movimientos de nuestro contrincante…
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¿Y entonces qué carambas se supone que debemos hacer con esos impulsos cavernícolas que sobre-estimulan nuestro cuerpo y cerebro?
Los canalizas… Si logras redirigir esa energía, esa fuerza y esa adrenalina que sientes en los músculos hacia el cerebro entonces te aseguro que le romperás toda su madre a cualquier problema que te haga encabronar. Se puede, yo lo he logrado. Pero algunas veces es muy difícil y no siempre se puede ganar. Ya sé, ya sé… se escucha medio mamón y parece discurso barato de auto superación pero al menos a mi me ha funcionado muy bien.
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Moraleja:
Encabronate todo lo que quieras, pero nunca dejes de usar ese enorme cerebro.
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Eyyyy, a pesar de todo no he desechado mi garrote de cavernícola, nou, nou, nou… lo tengo muy bien guardado y en verdad deseo nunca tener que usarlo.
Lo he conservado sólo por si acaso…