Diablos, sigo sin encuentrar un buen tema para escribir.
A ver… piensa… piensa… piensa…
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¡¡¡¡¡Ya sé!!!!!
Hoy haré uno de esos ejercicios en los que siempre intento conectar mis ideas desconectadas. Escribiré sobre algo que no entiendo, que no comprendo… y a ver que surge.
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¿Y qué me resulta tan intrigante, tan desconocido y tan difícil de entender?
Mis casi nulas relaciones sociales.
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Yeahhh, buen tema.
Here we go…
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Se acabaron las vacaciones decembrinas, es hora de regresar a la oficina. Ese primer día laboral me da pánico. Intencionalmente he llegado tarde, muy tarde, para evitarme una situación que me resulta… mmmhh… digamos… incómoda… y que se repite una y otra vez ese día y persiste toda la semana. Me refiero a los excesivos y repetitivos abrazos, a las monótonas y desgastadas expresiones de felicitación… Si, ya sé que sueno como bicho raro. Pero no significa que soy un pinchi sangrón malencarado, significa que prefiero expresarme de otras maneras. Lo que me pasa es que nunca me he acostumbrado a tanta efusividad.
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Otro momento que me estresa es el día de mi cumpleaños. Brrrrrr…. En verdad que me mantengo calladito, calladito cuando mi cumple está próximo. Hago lo posible por pasar desapercibido y que nadie se acuerde. Por fortuna, mi cumpleaños suele coincidir con mis vacaciones, así que aprovecho para desaparecer. Una vez pasé mi cumpleaños viajando desde Torreón hasta Chetumal, no había una necesidad urgente de viajar exactamente en esos días, pero fue una excelente oportunidad de ahorrarme esa temida fiesta cumpleañera con pastelito, velas y canciones que me abochornan. Siempre he tenido fobia a ser el centro de atención en una fiesta, o ser el festejado.
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Dar un discurso o explicar un procedimiento a un público que exceda 5 personas me pone de nervios, me falta el aire, y hasta me dan ganas de hacer de la chis a cada rato. Puedo dominar el tema completamente, pero me imagino al público como una horda y mis neuronas empiezan a sufrir pequeños infartos y se me pone la mente en blanco. Ahhhhh, pero pónganme con esa misma gente de a uno por uno, o de a dos en dos y entonces no hay quien me gane. Tengo pánico escénico.
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Ya me han dicho que soy un tipo muy introvertido. También me han dicho que como compañero laboral soy a toda madre, pero que en el plano personal soy indescifrable. Y creo que tienen razón.
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Me resulta muy difícil entender esos estandares sociales no escritos. Nunca he sabido cómo pedir disculpas a pesar de desearlo con todas mis ganas. Y mucho menos he sabido como carajos reaccionar cuando alguien me pide perdón: me paralizo. Tampoco suelo encontrar una manera adecuada de felicitar a las personas y cuando me felicitan siento como si me hablaran en francés y me quedo mudo. La mejor manera que se me ocurre para expresar solidaridad por la pena ajena es poner mi cara muy seria y yo odio odio odio platicar mis propias tragedias…
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Tengo serios problemas para expresar mis sentimientos. Y la situación empeora cuando la gente cree que no los tengo. O peor aún… cuando interpretan mal esa falta de expresiones.
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Supongo que por eso el mundo blogger se ha convertido en mi válvula de alivio.
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Anyway…
No es algo que me quite el sueño.
Es sólo una reflexión.
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Hoy es viernes y acaban de pagar la quincena...
Eso significa... ¡¡¡¡¡Micheladas con clamato!!!!!